

Desde el principio de los tiempos, las comunidades se han relacionado entre sí. El intercambio de comercio, cultural, social… ha formado parte de la actividad del hombre.
Los últimos años del siglo XX han sido testigo de eventos cuyo alcance ha transformado de forma sustancial la naturaleza de esos intercambios: los cambios políticos en el orden internacional, los avances en transporte, la aparición y extensión de Internet, y en última instancia, la globalización, han conformado un nuevo mundo en el que todas las comunidades tienen mas posibilidades (y necesidad) que nunca de hacerse visibles y relevantes para el resto del mundo, trascendiendo viejas barreras geográficas.
El impacto de estos y otros muchos eventos nos permite de hecho hablar de un nuevo entorno, que hace presencia y crece de forma exponencial. El entorno digital ya no es una versión complementaria del tradicional, sino que se integra y se convierte en parte indisoluble de la realidad. Todas las comunidades del mundo se hacen visibles entre sí, y accesibles en cualquier momento y lugar, para todas las personas.
Este nuevo mundo, este nuevo entorno, requiere de la incorporación de nuevas herramientas para gestionar la presencia y actuación de las comunidades. Así, en los últimos años, empieza a aparecer el concepto de marca territorio, como una herramienta que aporta a este nuevo entorno experiencias y conocimientos que han sido acumulados en el ámbito empresarial desde hace dícadas.
Las marcas son uno de los pilares de la actividad de nuestra sociedad, ya no sólo en el ámbito del consumo, sino tambiín en el cultural, social… Las marcas identifican una propuesta diferenciada y con características propias, y facilitan el acceso y la utilización del valor de la oferta que representan entre sus diferentes colectivos. La marca territorio es por tanto la creación de un concepto que recoge las características propias y diferenciales de un territorio y propone una oferta de valor para los diferentes colectivos con los que interactúa, dotándola de una expresión gráfica que facilite su actividad de comunicación.
La marca territorio se convierte así en un catalizador que contribuye a atraer flujos de capital y de personas a los países/regiones, fomentando la diferenciación entre los mismos y destacando sus ventajas competitivas como destino de inversión, destino turístico o cultural.
Son muchos los aspectos que influyen a la hora de configurar esta imagen pero existen tres factores que tienen un impacto especialmente relevante: